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Gerardo Gandini:

Estar

Están los que han hecho el camino del dodecafonismo, han transitado el serialismo integral y se han sumergido en los laboratorios electrónicos y la computación. Son puristas, aquéllos para los que todo acto creativo debe tener un sustrato racional; aquéllos que elaboran gramáticas para lenguajes que a veces se agotan antes de que éstas puedan aplicarse. Son los que en este momento mezclan la semiótica con la búsqueda de un elemento estable para su música, los que están tratando, a través de un nuevo uso del concepto de modalidad, de recuperar las jerarquías perdidas inexorablemente desde que Wagner imaginó a Tristán. Entre ellos se encuentran algunos de nuestros mejores músicos.

Están los que practicando lo visceral han elaborado una nueva forma de racionalismo; los que mezclan resabios de minimalismo con "clusters" móviles, ruidismo con juegos temporales perceptibles sólo en el papel. Con el pretexto de desconfiar del dogmatismo del pensamiento postdodecafónico han caído en otro: el de la (Seudo) Intuición, contra el (Seudo) Intelectualismo; Varèse contra Schönberg (con Stravinski en el medio); guerras que ocurren muy lejos de aquí y que de tan viejas ya nadie cree en ellas.

Están los ingenuos que inventan la pólvora todos los días; los que hacen "experiencias" de improvisación ya probadas; los que pretenden hacer una música conceptual "a la criolla" sin haber experimentado el "cansancio de la cultura" que mezclado con la necesidad de seguir vendiendo su música hace que por ejemplo un compositor alemán se convierta en místico hindú o pase de la racionalización más extrema al dadaísmo más idiota sin solución de continuidad.

Están los que habiendo pasado la vanguardia del 80 y experimentado el "hastío del pasado inmediato" han tomado conciencia de su ubicación en la historia. Son aquéllos que creen que éste es un momento de síntesis; que el compositor tiene a su disposición los materiales provistos por toda la historia de la música, que su historia es la suya personal, la de su generación y la de su país, pero además la del arte que practica; los que desconfían de la ingenuidad, los que consideran a la imaginación el elemento fundamental de la creación; los que piensan que la música siempre habla de sí misma y que las músicas conversan entre ellas en el Museo Sonoro Imaginario; los que se han dado cuenta de que esa manera de pensar es típica de cierto arte de Buenos Aires: de Borges a Girondo, de Torre Nilsson a Xul Solar, del Grupo Nueva Figuración a Alberto Heredia.

Nosotros creemos que éste es el verdadero aporte original de la Argentina a la composición musical en este momento.

Y están los otros, los que nunca se dieron cuenta de nada, los que anclados en las costas del subdesarrollo han dejado que la historia les pasara al lado sin tocarlos, cómodos en la retaguardia, sin arriesgarse, sumergidos en sus tratados de contrapunto y pesando cornos con trompetas sin temer que la balanza se descomponga.

Sin embargo,ésta es casi una cuestión entre gerontes (el menor de nosotros tiene cuarenta años). Hay una generación que esperó mucho para surgir, está ahí, en la línea de largada, esperando el pistoletazo que les permita arrancar.

¿Nos animaremos a apretar el gatillo?

© 1984, Gerardo Gandini

Ponencia presentada durante las Segundas Jornadas Nacionales de Música del siglo XX, Córdoba, Argentina, 27-31 de agosto de 1984. Publicada en sus anales.

 

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