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Mesías Maiguashca:

Sobre el “Boletín y Elegía de las Mitas” 

El texto que sigue fue escrito a pedido de la revista-internet "microtono" dedicada al quehacer musical ecuatoriano. La revista me pareció muy bien lograda, muy informativa y polifacética. Enfoca la mayor parte de las actividades musicales del país: música "culta", popular, folclórica, rock, jazz, electrónica, crítica, etc. En un espacio artístico de enorme heterogeneidad y rivalidades, ha logrado agrupar bajo un techo a varios de sus protagonistas, creando así un verdadero "frente cultural". Por razones que desconozco la revista ha dejado de aparecer. Es una lástima. "latinoamérica música" ha aceptado mi sugerencia de incluir este escrito en su revista.

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Gracias Mauricio por concederme este espacio, a manera de "autoentrevista".

El 25, 26 y 27 de Octubre se estrenará en el Teatro Sucre de Quito mi composición "Boletín y Elegía de las Mitas", con texto del poema del mismo nombre del escritor ecuatoriano César Dávila Andrade.

El deseo de hacer una obra sobre el texto del “Boletín” data de los años 63-64, durante mi permanencia en Buenos Aires. Conocí a César Dávila hacia los años 50 en las correrías “artísticas” iniciadas por mi eterno amigo Augusto Mosquera en Quito: yo, adolescente, él, César, ya “embotellado” en su lucha con la poesía y el alcohol. La primera la ganó, la segunda la perdió.

Durante la mencionada estadía en Buenos Aires tuve también el primer contacto consciente con la obra “El indio, cerebro y corazón de América” de mi padre, indio de las montañas de la provincia de Bolívar. Las encontré muy afines, a pesar de las evidentes diferencias de tema y lenguaje. Ambas obras constituyen el génesis de la obra que acabo de terminar. Me autocito: “Me he dado cuenta, relativamente tarde, de que mi origen indio ha sido importante en mi vida.” Esas dos obras me han ayudado sustancialmente en ese proceso. 

¿Por qué, para quién? 

Desde algún tiempo el episodio de la Conquista y Colonia me ha preocupado bajo la profunda impresión del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial (vivo en Alemania). El texto de César Dávila me ha permitido “resucitar” episodios de esos momentos traumáticos en tierras americanas. El arte es un medio probado para confrontarse con momentos traumáticos. A nivel individual y posiblemente, también,  a nivel colectivo. La gran mayoría de la población ecuatoriana tiene sangre india o una mezcla de blanca e india, en proporciones diferentes, más india que blanca: somos “mestizos”, más indios que blancos.

“A Melchor Pumaluisa, hijo de Guápulo, en medio patio de hacienda, con cuchillo de abrir chanchos cortáronle testes” cuenta César Dávila. Yo, mestizo, indio y blanco a la vez, soy entonces castrador y castrado, violador y violado, victimario y víctima. Todo en un pecho.

¿Para quién esta composición, entonces? Ciertamente para todo público interesado, pero específicamente para los grupos indígenas y para nosotros, los mestizos. A manera de espejo.

El “Boletín” consta de dos “voces” en el sentido contrapuntístico de la palabra: una acústica y otra visual. 

La parte acústica

La obra está concebida para la Orquesta de Instrumentos Andinos de Quito, más cuatro flautas y cuatro clarinetes, tres coros, “objetos sonoros de madera” (construidos por mi hijo Gabriel y por mí mismo), la voz de César Dávila leyendo el poema (desgraciadamente en una versión técnica muy deteriorada) y varios tratamientos electroacústicos.

El Poema de César Dávila consta de 26 estrofas. He compuesto una “pieza” para cada una de ellas, con una duración total aproximada de 90 minutos. 

El tratamiento del lenguaje: Soy “culto”. Manejo pasablemente el español, el inglés, el francés, el alemán; comprendo pasablemente el portugués, el italiano; hablo cinco palabras en holandés y japonés. Soy polí(gl/di)ota. Pero de la lengua que pudo haber sido mi lengua materna, el kichwa, lo único que sé es “chachi”. He tratado de aprenderla, pero a mi edad “ya no me entra”. ¡Qué pena! He querido en esta composición utilizar tanto el texto español original como tratar de reconciliarme con el kichwa. El esquema básico sería: cuando “se “escucha” el texto en español, se “lee” el texto en kichwa en la pantalla, y viceversa. Así, se percibirá el kichwa “escrito” y “hablado”. La traducción que utilizaré es la de Ariruma Kowi, a quien agradezco por permitirme el utilizarla. 

El lenguaje musical: Desconfío del folclore. Es ciertamente un útero, pero también una prisión. Durante mi vida compositiva he desarrollado una manera de expresarme. Literalmente un “disparate”, pues viene de elementos muy dispares: nuestras tradiciones musicales, las tradiciones de la “música nueva” europea y lo aprendido conjuntamente con las técnicas electroacústicas. Y todas las manías que en un momento pasan a conformar un “estilo personal”.  El resultado será posiblemente “extraño”. La utilización de la Orquesta de Instrumentos Andinos es ya de por sí una decisión tímbrica y compositiva y traerá consigo un "color" particular. Cuatro flautas y cuatro clarinetes crearán fricciones al asociarlas con los instrumentos andinos de viento tocando las mismas frecuencias. El Coro I sólo hablará, preferentemente en kichwa y nos acercará así a lo sónico de este lenguaje. El Coro II sólo cantará, creando estructuras tímbricas y armónicas. El Coro III preferentemente “gritará”, pues el texto original tiene mucho para ser gritado. 

Los “objetos sonoros” constituyen un aspecto importante de mi trabajo, pues creo que la creación de una música bien podría comenzar con la creación de sus instrumentos. He tratado de hacerlo: una primera versión (de la década del 1980) utiliza objetos de metal. La versión presente utiliza objetos de madera, confeccionados por mi hijo Gabriel. Prefiero la denominación de "objetos sonoros", pues a "instrumentos" se asocian características precisas: espectros armónicos (con alturas "musicales" claras) y su consecuencia lógica, la formación de escalas: de doce tonos (como en la música europea), o modales como en otros ámbitos culturales. Los objetos en cuestión crean sobre todo espectros "inarmónicos" (hasta ahora poco asociados con "música") de gran riqueza y variedad. Producirán un mundo sonoro paradójico: a la vez moderno y arcaico. Utilizo además, dos piedras de moler que nos recordarán al ají, tan cercano a nuestros paladares y… (César Dávila: “llegando al patio, rellenáronle heridas con ají y con sal”).

A través de circuitos electroacústicos crearé enlaces entre diferentes elementos, por ejemplo:

-grabaciones de música "nacional" tomarán ritmo y espectros de la vigorosa voz de César Dávila;

-los "objetos sonoros" se pondrán a hablar, por así decir, con la voz del poeta.

Holz arbeitet - Johannes Fischer y Maiguashca

Maiguashca con Johannes Fischer - Holz arbeitet 2

 

La parte visual

Consta de unas 300 fotografías (seleccionadas de unas dos mil) de caras de indios o de mestizos con fuertes rasgos indígenas. Quise en un principio encargarlas a algún fotógrafo experimentado. Pero, al no disponer de recursos económicos tuve que hacerlas yo mismo, en unos dos meses de peregrinación por las regiones andinas, claro, aceptando el riesgo que implica el hacer lo que uno no sabe. Fotografié lo que vi, sin plan ni estrategia, en fiestas, en el mercado, en la plaza, en procesiones, en reuniones políticas, en las celebraciones (en la "Shyris") por los éxitos del equipo ecuatoriano en el mundial de fútbol, etc.

El texto de César Dávila se refiere a hechos de los siglos XVI y XVII, está gramaticalmente, hacia el comienzo del poema, en tiempo pretérito: "En plaza de Pomasqui nos trasquilaron hasta el frío la cabeza". Pero  el poema se mueve claramente hacia el final al tiempo presente: "Ahora soy", "Somos, seremos, soy".

Las fotografías documentan el día de hoy. Se entabla entonces un diálogo curioso, un contrapunto de "tiempos" entre el hoy y el ayer, que, por cierto, llega hasta nuestra prehistoria, pues algunas de las fotos muestran caras en piedra de 3000 años antes de Cristo.

La producción

La obra es compleja pues supone elementos muy heterogéneos. El Teatro Sucre es la institución ideal para su presentación, pues dispone de todos aquellos elementos necesarios, todos bajo un solo techo: la orquesta de instrumentos andinos, un coro grande (del cual se han desprendido los tres coros necesarios), un escenario moderno, técnica audiovisual especializada con sus respectivos técnicos operadores, más su infraestructura administrativa. Julio Bueno, director de la institución, al conocer del proyecto me ofreció sin vacilar la colaboración del Teatro. Ciertamente, sin esa colaboración, este proyecto no habría sido realizable. Mis agradecimientos. He realizado ya ensayos con la OIA. ¡Qué lindo trabajar con músicos entusiastas e interesados!

El proceso de la creación y preparación de la composición en sí ha supuesto además costos considerables que he debido asumirlos yo mismo. He tratado de  suplirlos con colaboración de instituciones culturales del país. Con muy poca suerte. La mayor parte de esos gastos correrán a cuenta de mi caja familiar. Quiero agradecer explícitamente a la Prefectura de Pichincha, a la Fundación Zaldumbide-Rosales y al Ministerio de Cultura por sus ofertas de colaboración en el proyecto.

El estreno está programado para el 25, 26 y 27 en el Teatro Sucre. La dirección musical estará en manos de Jorge Oviedo; la dirección general, en las mías. 

Mauricio: entiendo que con este texto he respondido a varias de las preguntas que usted me plantea en su pedido. Gracias, nos vemos el 25 de octubre en el Sucre.

Su amigo,
Mesías Maiguashca

agosto de 2007

Biografía Mesías Maiguashca

 

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